EL PAPEL DE LOS ABOGADOS EN EL DERECHO PENAL.
Cuando estudiaba Derecho tenía
una imagen idealizada de la justicia penal. Teniendo ideas preconcebidas
generadas por el visionado de series de ficción y películas, la realidad muchas
veces te da sopapos.
El papel de los abogados en el
Derecho Penal es diferente a las demás áreas del Derecho. Lo que debería ser un
juicio en el que se exponen dos visiones antagónicas pero necesarias se
convierte muchas veces en una partida con las cartas marcadas. ¿Por qué? Porque
resulta más fácil condenar atendiendo únicamente al atestado que examinar el
resto de pruebas (prueba testifical y pericial). El atestado como prueba
documental se presume válido salvo prueba (muy contundente) en contrario.
Hasta ahí encontramos pocas
diferencias teóricas entre esta jurisdicción y las demás. En la práctica, por
desgracia, es diferente
¿Entonces cuál es nuestro
papel? Cuando estudiaba derecho penal en la universidad aprendí que toda
persona tiene derecho a la presunción de inocencia y a tener un juicio justo,
que el principio de contradicción que es una de las bases del proceso penal
permite a un abogado presentar una versión de los hechos diferente frente a la
acusación para que luego el juzgador decida sobre ello... Yo expongo mi versión
de los hechos, la acusación expone la suya y luego el juez decide. Esto es lo
que debería ser pero por mi experiencia, demasiadas veces no sucede así.
La semana pasada tuve un juicio. Le dediqué varios días a prepararlo examinando
las cuestiones procesales y de fondo, con la esperanza de que se hiciese
justicia y que se me permitiese hacer mi trabajo con normalidad. Esas eran mis
expectativas hasta que comenzó el show del juez. En un primer momento se
permitió el lujo de tratarme con condescendencia y recordarme <<mis
errores de novato>> para resolver sobre una protesta por la inadmisión de
una prueba documental. Luego empezó a hacer aspavientos cada vez que yo
preguntaba o interrogaba a un testigo. El juicio llegó hasta tal punto que en
un momento en el que estaba interrogando a un policía el juez interrumpió el
interrogatorio y corrigió al testigo sin haber rechazado la pregunta por
improcedente o impertinente. Salí del juicio con un sentimiento de tanta
impotencia que incluso mi cliente me pidió disculpas por el mal rato que tuve
que pasar por su culpa.
Sé que hay muchas personas que entenderán
esto como una pataleta de un abogado que ejerce su profesión en una rama que no
debería existir y que una persona que está acusada de un delito merece ir
a la cárcel sí o sí. Yo difiero de esta postura, he dedicado veinte años de mi
vida al estudio y al ejercicio del Derecho con la firme creencia de que estoy
haciendo un servicio a la sociedad a veces bien remunerado, a veces ni siquiera
remunerado.
Hace poco un presunto ingeniero
de Stanford (digo presunto porque reconoce en la entrevista que no acabó la
carrera de ingeniería) anunció la creación de un software de inteligencia
artificial para asesorar y sustituir a los abogados en juicio. Me parece una
tomadura de pelo pero es una señal del signo de los tiempos.
Adjunto una entrevista con este individuo para que la lean. No tiene desperdicio.
Quizás dentro de unos años si
esta tecnología se implanta veremos a muchas más personas en la cárcel o
pagando multas astronómicas. ¿Quién se hará cargo de ello los jueces, los
acusados, los informáticos o los listillos de turno que saben de todo menos de
lo suyo?

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