EL BUEN EMPRESARIO.

 


Todas las vías para crear un negocio son buenas,  siempre y cuando se ajusten a la legalidad y sean convenientes para las partes,  pero el Diablo está en los detalles. Hoy quisiera hablar de las franquicias que son una vía interesante para aquellos que quieran abrir un negocio por primera vez y no quieran romperse la cabeza  con el diseño del local,  los distribuidores y  el producto final que se ofrece. Volviendo a lo que decía al inicio es importante tener en cuenta los detalles, todo el clausulado del contrato antes de firmar un contrato como éste por ello vuelvo a incidir en la necesidad de acudir a un abogado si no se tienen conocimientos jurídicos para revisar el contrato antes de insertar la firma en el mismo, esto es lo que yo llamo abogacía preventiva,  solucionar dudas antes de que nazca  un problema. No me cansaré de insistir que sale más barato acudir a una consulta de un abogado  antes de firmar nada que ir luego a un juicio y afrontar los gastos legales de contratar un procurador, un abogado y hacer frente a la posibilidad de tener que contratar un perito para que emita un informe.

Hoy voy a poner un ejemplo basado en hechos reales para que se vea mejor lo que trato de explicar.

Hace muchos años un hombre creo un negocio de hostelería de la nada y lo expandió por todas las comunidades autónomas de España en forma de franquicia, este negocio al que vamos a llamar "50 tapitas “tenía una fórmula de éxito tapas a un precio irrisorio una vez a la semana junto otras promociones como la Supercerveza en la cual una vez al mes se ofrecía cerveza a cincuenta céntimos. El negocio  subió como la espuma, abrieron numerosos establecimientos por el país con esa denominación pero hace poco más de dos años, la burbuja explotó.

Repasemos primero el concepto de franquicia para quien no lo conozca. La franquicia es un contrato mercantil de distribución por el cual una empresa (franquiciador) cede a otra (franquiciado), un método  a cambio de una remuneración.

¿Por qué la burbuja explotó en este caso? Por múltiples razones. La primera razón es el propio modelo de negocio  no es viable a largo plazo vender tus productos  a un precio inferior al mercado porque se corre el riesgo de que a la larga el producto pierda prestigio entre los consumidores y, en consecuencia, el negocio deje de ser rentable. La segunda razón afectaba principalmente a la relación contractual entre los franquiciados y el franquiciador. El contrato que firmaban  los franquiciados tenían clausulas leoninas a favor del franquiciador y en contra de los franquiciados, una de ellas era que tanto que hiciese sol, nevase o diluviase, el franquiciador siempre había de recibir el mismo porcentaje de la caja de los ingresos del franquiciado. Y en el año 2019 estallo la pandemia y el porcentaje cobrado no se redujo. Como los franquiciados tenían que ceñirse a lo firmado,  se vieron obligados a mantener las mismas promociones, los mismos descuentos sí o sí bajo amenaza de cierre del establecimiento.

 La tercera razón tenía que ver con los proveedores y las reformas de los locales previamente pactadas en los contratos. Con respecto a los proveedores, los franquiciados descubrieron tarde que los costes de la mercancía estaban más inflados de lo normal, de forma que la ventaja de comprar la materia prima a un mismo proveedor (ganadero, granjero, panadero) no se veía reflejada en el precio del suministro. También se dieron cuenta de los sobrecostes en las obras de reforma. ¿Quién recibía el dinero de estos sobrecostes? ¿El personal de hostelería que tenía que trabajar a destajo los días de las promociones en los que se formaban aglomeraciones? ¿Los franquiciados? ¿El agricultor, la ganadera que le vendían las materias primas a los franquiciados para hacer las tapitas? Me temo que ninguno de ellos.

Actualmente se prevén varias demandas colectivas contra la empresa franquiciadora de futuro incierto, ya que es difícil prever cuando se resolverá el asunto y cuánto recuperarán los franquiciados.


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